Progreso

El otro día lei -mas o menos- que tenemos una tecnologia cada vez mejor pero unos modos del pleistoceno. Y que el resultado solo puede ser catastrófico. Y es que es cierto. Es como darle a un niño una pistola cargada. Resultado fácil de prever.

El avance tecnológico de la sociedad es sencillo, es divertido y motivante. Pero la otra tarea del ser humano es abandonar lo primitivo: el miedo y el odio que ello genera. Seguimos odiando porque seguimos desconfiando. No voy a decir a quien le interesa eso, porque esas personas que intentan manipularnos así, son también seres temerosos, refugiados tras cuentas de resultados. No cabe duda.

Y es que me parece tan sencillo deducir que cuanto más fácil es mejorar nuestra vida, más tenemos que compartirlo con los demás. El Gran Wayomin decia algo que también he pensado yo: para qué quiero vivir encerrado en una fortaleza, lleno de comodidad, lejos de la pobreza, si no puedo andar tranquilamente por la calle ni juntarme con la gente. Lo malo es que a eso es a lo que tienden ciertas sociedades y grupos de poder.

La idea de tribu, familia, nación, debe ir perdiendo lo que nos separa de los demás, pero, al tiempo, debe mantener lo que nos distingue de los demás, porque es bello. Debe ir convirtiéndose en nuestra seña de identidad. Yo soy español, soy Madrileño y cosmopolita. Eso está bien, pero eso no me hace mejor que un campesino ruso o un religioso judío. Somos distintos y eso es hermoso, pero no somos mejores o peores unos y otros. Todos debemos poder levantarnos por la mañana y desayunar tranquilamente.

No puedo entender la necesidad de hacer daño a los demás. Yo no soy inocente, lo confieso. He jugado a ese juego. Pero ahí está la cuestión. En un momento dado hay que pararse a pensar y aprehender lo horrible que es la guerra, las masacres, la pobreza, aunque a nosotros no nos toque. 

Creo que sería bueno trabajar firmemente para que el mundo que nos rodea sea un mundo de paz. Suena utópico, pero muchos mundos de paz generan otros muchos. Como repite un querido compañero, mucha gente pequeña, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo.

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