Erre que erre con la guerra de sexos.

Sigo constatando que lo que partes interesadas llaman machismo, en realidad es autoritarismo. Y mientras por un lado tenemos hombres maltratando a mujeres, por otro tenemos a mujeres maltratando hombres. La primera forma ya está siendo plenamente aireada, pero la segunda no. Cuando el mundo se ve sólo desde la perspectiva de uno de los géneros, el otro género aparece como inútil, egoísta y sin compromiso. En un caso tenemos a los hombres resaltando lo inútil que es una mujer conduciendo o lo mal que atiendo a un paciente. Por otro tenemos a las mujeres hablando de lo torpes que son los hombres, del poco caso que las hacen y de que pasan de sus hijos. Pero, como decía esa famosa canción de Libertad sin ira, "yo solo he visto hombres muy obedientes, hasta en la cama. El hombre se mueve por distintos parámetros. Es bastante fiel a la persona, aunque no lo sea al  cuerpo. Quiere a sus hijos, aunque le cuesta mucho expresar sus emociones. Pero siempre que se le reclama, está. La cuestión es que no habla mucho. En un tiempo en que las redes sociales mandan, está en franca desventaja. La mujer domina las redes, se comunica, sociabiliza my bien. Y su pensamiento se impone. A todas aquellas jóvenes que me lo niegan, les digo que cuando sean madres entenderán cómo cambian (o cambiaban) al llegar los bebés. El macho se convierte en ayudante y ahí se e si la pareja tiene amor y respeto. Si la relación de pareja no es buena, el hombre pasa a segundo plano y se siente marginado. La mujer no tiene horas suficientes para estar a todas y exige al hombre su compromiso como padre. Eso les va distanciando. Y claro, ella, dueña del hogar y líder de los hijos, va creando una situación de facto. El hombre fuera de casa, va buscando no sentirse solo y ella cada día más sola ante los problemas de la casa. El final, si hay dinero, es el divorcio. Ella se queda con todo y con los hijos, que conocen solo la versión de ella. Si no hay dinero, depende del grado de adaptación de uno de ellos, que cede ante la situación. Suele ser el hombre, ya que los hijos forman un altar alrededor de la madre, como centro de la familia. A partir de ahí, puede pasar de todo, pero nada bueno.

¿Soluciones? Educación para las nuevas generaciones. Y apoyo social a la familia. Lo primero que desapareció en el ayuntamiento de Madrid cuando llegó la derecha fueron los asistentes de familia.


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