domingo, 7 de abril de 2019

La Mujer que llega

Los hombres en general tememos este movimiento feminista. Por un lado cabria preguntarse por qué. ¿Algo hay en nuestra conciencia que nos lleve a temer su poder? ¿Sentimos que les debemos algo?

Pero, por otro lado, tenemos que darnos cuenta de que La Mujer está tomando su parte de parcela en la realidad actual. Nadie lo menciona, pero El Hombre también lo está haciendo. La cuestión es que La Mujer necesita sentirse ser libre, individual e independiente para poder tomar real conciencia de su papel en la sociedad que viene. No solo en salones de tertulia o acompañando a los hombres, sino como seres decisivos de cambios. Así que no hay más remedio que dejarle espacio para que se expanda, despliegue el dragón que lleva dentro y sienta su poder.

Solo desde la libertad absoluta, podrá establecer una nueva relación con El Hombre. Y esto es necesario para que el mundo cambie.

Yo no creo en la feminización de la sociedad como algo mejor que la masculinización. Pero creo que es igual de necesario. Al fin y al cabo, el nuevo ser será sicologicamente una mezcla de los dos. 

Hasta ahora ha habido conatos, mujeres especiales, pero ahora es La Mujer la que está tomando su sitio. Quienes somos nosotros para impedirselo. Claro que hay mujeres malas, mujeres tontas y mujeres inútiles. Y hombres!! Eso va a seguir siendo así. Pero el cambio es a nivel transversal. Esto no va a cambiar el hecho de que haya derechas e izquierdas, progresistas y conservadores, depredadores y seres bellos. Pero va a ser de otro modo


Camilo Crespo. 5 de abril a las 19:01 en FB:

Acabo de ver la entrevista de Pablo Iglesias a Nancy Fraser. Me encanta cuando las feministas son de izquierdas de verdad y no anteponen a la mujer al resto de losproblemas de la sociedad, sino que ponen en valor la capacidad del movimiento feminista para dar una nueva vision a la lucha por mejorar la sociedad. Claro que hay feministas de derechas: las que quieren dominar el Ibex35. A mi me interesan otras, las que quieren simplemente tener la misma voz que el hombre a la hora de resolver los problemas.


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