martes, 31 de marzo de 2009

Mis pensamientos simplistas

Creo que ya he dicho alguna vez que no creo en la bondad. Pero tampoco en la maldad. Creo en la inteligencia y en el concepto individual o colectivo del ser humano. Una persona inteligente pero individual puede que actúe de modo equivocado, haciendo daño a los demás, quizá no. Pero una persona inteligente y con visión colectiva puede hacer mucho bien.

Luego, con el tiempo, adiestrando esta inteligencia, puede llegar la sabiduría o la santidad -siempre tomado bajo un prisma racional y no espiritual o metafísico-.

Pero, por otro lado, por qué necesitamos esas sensaciones de bondad, santidad, olor de multitudes, pasión por el futbol, Nadal apretando el puño triunfador... La respuesta es segregación de sustancias beneficiosas para el cerebro y para el cuerpo. Conozco las endorfinas, pero seguro que hay otras. Todos sabemos la necesidad del heroe, de la proyeccción en los logros del otro, la sensación de estar integrado en la colectividad...

Pero, ¿por qué necesitamos esas sustancias? Ya sabemos que nos producen placer, pero, ¿cuál es su fin último? El placer es el modo en que nuestro organismo se asegura de que repitamos, pero ¿para qué?. Quizá símplemente para qué nos movamos y mantengamos el cerebro en marcha. Quizá porque el cerebro lo necesita para alcanzar visiones de futuro (el LSD es un camino rápido de hacer lo mismo). Le preguntaré al Sr. Punset.

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