A vosotros, decepcionados, me dirijo.
A vosotros, decepcionados, me dirijo. A todos aquellos que un día creísteis que el mundo se podía cambiar de la noche a la mañana. Que ya no habría pobres y que todos seríamos iguales. Todos hemos visto que no es así. Pero es que quizá no nos damos cuenta de que el mundo, la sociedad, su evolución, su historia, no es nuestra historia ni nuestra evolución particular e individual. Somos una gota más dentro del océano del devenir humano. ¿Pero eso es malo? No. Sólo es lo que hay. Y así hay que tomarlo. Todas las generaciones se creen fundamentales y luego caen en el olvido cuando otras generaciones les suceden. Entonces queda claro que somos un escalón de la escalera de la historia. Pero este hecho no nos hace menos importantes. Debemos contribuir en la medida de nuestras fuerzas a la mejora de la humanidad, tanto tecnica como espiritualmente. Un día moriré como todos. Pero cada día tengo dos obligaciones: ser féliz y hacer felices a los demás. Lo demás es accesorio, el reclamo de la comi...