viernes, 19 de abril de 2013

Niños, perros, gatos.

El famoso timo de la estampita es el paradigma de la sociedad humana. Por si alguien que lea esto no lo conoce, el timo de la estampita se resume en que uno que se hace el tonto le enseña a otro unas estampitas que hay en un sobre que se ha encontrado. Las "estampitas" son billetes, digamos, de 100 euros. Y aquí está el tema: el otro intenta engañar al tonto y le cambia el sobre por un poco de dinero; al final resulta que el sobre sólo contiene papeles. El engañador ha sido engañado. Y entonces, ¿quién es el malo? ¿El que engaña o el que, presa de su falta de amor al prójimo, es engañado?

Pues en la vida no suele haber buenos y malos sino ganadores y vencidos. El bueno, suele evitar estos confrontamientos. Y son dos malos los que se pelean. Hay pueblos machacados, que en caso contrario, tambien hubieran machacado a su dominador.

Igual que no hay heroes, si no es para crear un clima de sacrificio, una ficción que nos haga intentar ser mejores, pero no deja de ser una ficción en la mayoría de los casos.

Y siendo esto una realidad, hay gente que de ello saca la conclusión de que todo es mentira y nada merece la pena y se convierten en unos cínicos, mirando por encima del hombro cualquier signo de empatía o suavidad.

Pero yo creo que se equivocan. El mundo también contiene elementos que maravillan. Ya sabemos que la sociedad se basa en la mentira, pero porque consideramos la verdad demasiado ardua para las relaciones sociales; es más fácil sonreir y ser amables sin saber si el otro se lo merece.

Pero en las relaciones personales intimas, con seres amados en la medida que sea, procuramos ser sinceros, porque pedimos lo mismo. Y ello nos da una garantía de afecto, la energía que mejor cura y cuida.

Un apunte final: por qué nos encantan los niños pequeños, los gatos y los perros; pues porque, formando parte de nuestra sociedad, son sinceros, naturales y abiertos.


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