domingo, 17 de marzo de 2013

Derrotas


Cuando creía que era un padre responsable y que era capaz de resolver todos los problemas de mis hijos, me encontré perdido, maldiciendo impotente a puñetazos contra una pared y ante un hijo de apenas seis años, desconsolado porque su maestra era una especie de heredera de los más altos valores del franquismo. Aprendí así que nuestros hijos han de enfrentarse al mundo y que nosostros podemos darles consejos y consolarles pero no podemos evitarles el dolor.

Cuando creía que era capaz de reaccionar con calma y cerebralmente ante cualquier situación, me encontré bloqueado con un volante entre las manos, con una familiar histérica al lado. Aprendí entonces que uno no se conoce a sí mismo y que hay personas capaces de influir en tí por encima de tus deseos.

Cuando creía que sabía dar atención a las personas desconsoladas, me encontré balbuceando frases manidas ante la viuda de un amigo demasiado joven para morir. Aprendí de este modo que muchas veces hay que callar y acompañar en el dolor, sin más. Y que por muy seguro que estés, nunca posees el dón si no lo extraes a través de la empatía.

viernes, 15 de marzo de 2013

Las luchas de aquí abajo

La incultura reacciona ante lo desconocido con la destrucción. Y eso os pasa a vosotros, hombres de machacáis a vuestras mujeres, que las cosificáis. Es más fácil tenerlas así que intentar entenderlas. Y eso es lo que os pasa a vosotras, madres que ninguneáis a los padres de vuestros hijos, porque es vuestra única arma contra ellos. Y así transcurre la vida en vuestros matrimonios. Lleváis a vuestros hijos a colegios privados y les mandáis a clase de religión. Pero en esas clases no enseñan la maravilla que supone conocer al otro. Sólo os enseñan a obedecer a las normas, a las "leyes de Dios".

Así vosotras creéis al hombre estúpido y así vosotros creéis que la mujer es dañina, pero no es así, no. Es el miedo al otro el que hace actuar así. Y con los años nos asentamos en la "realidad". Esa realidad escrita y dirigida por otros.

Me hace gracia ver como vosotras, jóvenes chicas emancipadas, odiáis a vuestro padre, porque sois mujeres "liberadas". Las mujeres liberadas de verdad, lo hicieron para no parecerse a vosotras, para ser personas integras, no para luchar con el hombre sino contra el poder; no contra el machismo sino contra el sistema que hace que al final él y tú, tú y ella, os miréis como unos extraños.

Como digo siempre, el problema no es de género, raza o religión, sino de ricos y pobres. Vosotros seguid peleando, que ellos mientras se lo gastan en sus playas privadas.

Y no se trata de odiar a los ricos, hay que ningunearles. Hay que vivir nuestra vida libremente, sonriendo, ayudando, siendo amable, porque cuando odiamos y machacamos les estamos haciendo el juego a ellos.