lunes, 7 de marzo de 2011

Me encuentro rebasado

Entre el estupor, la indignación y la desesperación. El caso de José Luis Burgos no es un caso aislado. El banco anda detrás de subastar su casa. Ya lo ha intentado dos veces y sólo mediante huelgas de hambre y un juez, se ha podido evitar.

Mientras, los medios callan. Mientras, los políticos callan. ¿Y nosotros?

¿Para cuándo una ley que prohiba a una banco dar un préstamo avalado por casa por encima del valor de la casa y para comprase otras cosas? Si la vivienda es un derecho, debería estar prhohibido usarla como garantía de nada que no sea la propia compra de la casa.

¿Para cuándo una ley que derogue todos los derechos de los bancos basados en estos préstamos "subprime", una ley que obligue a cancelar la deuda con la sola entrega del piso?

¿Para cuándo unos límites al beneficio? ¿Por qué tengo yo que pagar los juegos especulativos de los bancos? ¿Por qué mi bolsa de la compra depende de que unos señores decidan que el trigo tiene que subir? ¿No es la bolsa un cártel del valor de la vida? ¿Acaso no trafica con el futuro de los seres humanos y cuanto más pobres más se ven afectados por este juego perverso, este bingo de consumidores de riesgos?

Nos quieren privatizar la sanidad, la educación, las comunicaciones, la energía. Antes había un equilibrio entre lo público y lo privado. Ahora que el comunismo ha muerto (sí, ha muerto), lo privado se lanza a nuestra yugular como hiena.

Los que han provocado la crisis, nos obligan a enjugar sus deudas, Ya sabéis el dogma del capitalismo: se privatizan los beneficios y se socializan las pérdidas, o sea, la ley del embudo otra vez.

Sólo espero que la primera bomba me caiga en la cabeza. No quiero ver la debacle de este occidente cobarde y miserable. Decia Bertrand Russel que al menos la Iglesia Católica solias condenar los abusos de los poderosos. Con el protestantismo, eso desapareció. Se estableció la religión del dinero. Todo vale si eres rico.

Me parece que nos acercamos a un nuevo Titanic occidental. Como dijo Felipe González, quizá estamos alimentando la próxima crisis, mucho más gorda. Mantengámonos alerta.

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