martes, 9 de marzo de 2010

A mí no me gusta Garzón

A mí Garzón no me gusta. Y no porque echara toda la mierda de los Gal para enterrar a Felipe Gonzalez, sino porque lo hizo por venganza y no por oficio. Porque le hizo el regalo al PP por resentimiento, porque no le hicieron ministro de justicia. Comparémoslo con el hecho de que nadie se acuerda del fiscal anticorrupción (puesto por Felipe Gonzalez) que invéstigo lo de Filesa. Por cierto que entonces el Gobierno de Gonzalez no le destituyó como hizo Aznar con el que intentó investigar al "tamayazo", el Sr. Jimenez Villarejo.

Pero Garzón sabe que es guapo y se gusta y la gusta salir en las fotos y eso va mal con un funcionario público. Quizá sea un gran juez, no lo cuestiono porque no lo sé. Pero sé que es demasiado presumido.

Ahora bién, lo que está preparando la judicatura contra él porque se ha saltado el pacto de no agresión contra el franquismo, me asombra. El Consejo del Poder Judicial se podría llamar "del Respeto" en vez de "del Poder". Pero es que quizá lo que importa es una cosa en vez de otra. El respeto por la justicia campa por sus respetos entre estos que muchos tachan de asalariados de los partidos políticos. Además está el tema de los Colegios. Hay quien dice que los colegios son sólo mafias (uy, se me ha escapado la palabrita). Da igual que sean colegios de médicos, de abogados o de arqwuitectos.

Garzón ha recusado a tres jueces. Pero como ya he dicho lo que prima es el ansia de poder y no el respeto a la justicia, por lo que será raro que se abstengan los dos afines al PP. Al menos Margarita Robles ha aprovechado la oportunidad que le ha dado Garzón para lavarse las manos en esta crucifixión que tanto gusta a jueces de la ley, divina o no.

Y es que les duele que ataque el Franquismo, pero no nos engañemos. En el fondo todo es tema de dinero, corrupción. Y la corrupción hoy se llama Gurtel.

Hombre de pactos

Este es un país acostumbrado al caudillismo. Y eso todavía se arrastra. Nos gustan los presidentes que nos digan que todo va bien y sobre todo que nos lo hagan creer. En la democracia hemos tenido cuatro presidentes. El más fructífero fué el que menos duró. Trabajó sin mucho ruido y sacó buenas leyes: Calvo Sotelo. Suarez, González y Aznar fueron más caudillistas.

Ahora nos ha tocado un Bambi. No nos da confianza, corrige sobre la marcha, pero trabaja. Gonzalez fué hombre de la gran Europa, codeandose con Kohl, aunque se emborrachó de tanta Europa y le costó el puesto. Aznar, hombre de taberna, de chiste soez y de poner los pies encima de la mesa, y que prefiere el vino, se codeó con Bush y nos hizo desear un cambio. Y así llegó ZP.

Zapatero es como la propia democracia: dentro de lo malo, es lo menos malo. Los burócratas al estilo Rajoy, sólo mueven papeles, porque no creen en el desarrollo del hombre, no son humanistas y por tanto no pueden aportar nada a la sociedad. Por otro lado, cómo no mencionarla, Doña Esperanza Aguirre es como Aznar, pero en vez de tabernaria es verdulera, con un lenguaje soez y machista; sí, machista.

Zapatero quizá algún día tenga mayoría absoluta, pero no lo creo. Es un hombre de pactos y está condenado a moverse siempre así, al filo de la navaja, entre las autonomías y la izquierda. Algún día hasta los envidiosos se lo reconocerán.

Su único peligro, su individualismo, espero que lo mantenga siempre a buen recaudo.