martes, 8 de diciembre de 2009

Sobre la educación

Creo que los hijos siempre se nos parecen. A veces se parecen más a nuestra parte buena y a veces a la mala, según lo queramos ver. Si odiamos algún rasgo y lo vemos en él o ella, a veces, intentamos borrarlo drásticamente, porque nos da miedo lo que vemos. Y cuanto más luchamos contra ese rasgo, más destaca. Y es que lo que para nosotros era un grano enorme, para los demás era un punto negro en la piel. Al final, de tanto rascar y rascar se convierte en una herida peor que un grano.

Creo que todo carácter tiene su parte positiva y su parte negativa. Pero siempre debemos apoyar la positiva y pasar de puntillas sobre la negativa. Una leve amonestación será suficiente contra algo que no nos parece bien. Y no esos gestos e inflexiones en la voz de desagrado, como si fuera algo terrible.

La educación se basa en resaltar lo bueno de cada persona, tanto en sentido personal como social. ¿De qué me vale tener un o una hija muy inteligente si es incapaz de saludar a alguien?. Y por lo mismo, ¿para qué quiero que sepa saludar y ser amable, si no tiene opinión propia que aportar?

Y lo último que veo que falla en mucha educación es lo frío de su ejecución. Hemos aprendido pautas a seguir para educar, consejos como los que yo añado, pero nos han quitado la ternura y el cariño. Muchas veces estamos tan ocupados en hacer lo correcto, que nos olvidamos de disfrutar de los hijos y la pareja.

Lo digo por propia experiencia.

¿Será aún tiempo de corregirse?

No hay comentarios: