miércoles, 30 de abril de 2008

Actitudes


Hay personas que ven la vida como un mar lleno de peces y siguen la norma de o comes o te comen. Si asisten a una pelea, animan a los contrincantes, si no se meten tomando partido por uno de los bandos, sobre todo si el otro es de inmigrantes u otros grupos con los que no simpatizan.Otros se arriman a los peces grandes para que les protejan y nunca se arriesgan por nada ni por nadie. Son los típicos que se ponen a mirar las peleas sin participar o si ven peligro de que les salpique, se alejan, por si acaso.Luego están los que van por la vida intentando cumplir con su conciencia etica o religiosa. Ayudan siempre que pueden y si ven una pelea intentan mediar.Por fin hay otro grupo de personas que se sienten ofendidas por todo. La vida les ha tratado mal y todo el mundo tiene la culpa: el rico, el pobre, el que mira y el que ayuda. Porque no le ha tocado a él la loteria. Este puede fácilmente pasar a formar parte del segundo grupo con un golpe de suerte. Pero sólo el amor le podría hacer pasar a formar parte del tercero.Y queda el grupo del odio. La miseria, la pobreza o la violencia le han dejado fuera de la posibilidad de acceder al mundo civilizado. Lo normal es que acabe en una cuneta o en una celda. Si hubiera una revolución, iría a la cabeza, descargando su odio, pero mientras eso no ocurra, debe arrastrar su dolor sin solución.Hay otras personas marginales por otros motivos, que deambulan por las ciudades y que intentan sobrevivir, sin sitio para dormir, sin amigos, sin odio, sin ambiciones, pero sin ayuda. Son el pecado de la sociedad, la culpabilidad de un mundo donde se tira la comida, se riegan los campos de golf con agua potable y se mantiene casas vacías para que suban de precio. A estas personas hay que respetarlas y tratarlas con mucha atención, porque sufren y no somos capaces de resolver su problema, a veces hundido en una irrealidad sin retorno.Particularmente intento colocarme en el tercer grupo, pero, como en física, es el pundo de equilibrio más inestable. Todo tira para alguno de los demás grupos. Quizá la fuerza más destructora de ese equilibrio sea la comodidad. Es la que convierte a los seres humanos en residuos que se acumulan en las ciudades, entorpeciendo el tráfico; en el campo, oxidando las herramientas; en el mar, llenando el fondo marino de basura.

sábado, 26 de abril de 2008

Personal y humano

Hoy he visto a una mujer como de sesenta, de mediana estatura, no delgada pero sin pasarse, con vaqueros y con una camisa como masculina. He pensado que con los años todos nos parecemos, como los niños se parecen. Hay personas que sin embargo siguen luchando por parecer lo que han sido mientras han contado, caballeros que siguen con su traje y señoras que no se quitan los tacones por nada del mundo.
A lo mejor con los años, cada uno se muestra como se siente: hombres afeminados, mujeres masculinas u otras maneras. No sé. La sociedad nos impone un modelo, modelo que está cambiando poco a poco. Y ahí viene la duda. ¿Es imprescindible el modelo para que la sociedad sobreviva? ¿Otro modelo dará otra sociedad? Los cambios, si son paulatinos no crean conflictos apreciables, pero si se impiden esos cambios, se acaban produciendo las revoluciones.
Por otro lado pienso, en lo personal que todo esto son pensamientos que me podía callar, pero necesito decirlos para sentirme vivo, porque no me gusta la muerte como fin de la vida. ¡Es tan hermosa la vida! Necesito vivir y vivo escribiendo, diciendo mis pensamientos; sintiendo que alguien me escucha y me atiende.
Así que la sociedad y yo estamos ligados sin remedio, ¿no?, formando una especie de figura geométrica. Cada vida es un punto que forma la gruesa linea de la humanidad. Y siempre tenemos que tener las dos visiones: la personal y la humana. Porque somos humanos si nos damos cuenta de que formamos parte de la humanidad y si nos movemos en base a estos dos parámetros.

miércoles, 23 de abril de 2008

El día del libro


De los libros cada uno toma cosas distintas. De una misma novela uno aprende la valentía del heroe mientras que otro aprende que el mundo es duro y hay que andar con cuidado.
La pregunta es cómo elige cada uno su aprendizaje. ¿Será que nada se aprende, sino que cada uno va cubriéndose de una capa de roles copiados según el caracter y la visión que del mundo tiene?
Luego con los años puede que te des cuenta de esa capa que te has colocado para poder moverte por la vida.
Y después tienes que arrancarla y verte como eres en realidad, pero lo que ves tampoco eres tú. Es sólo lo que tus mayores te dijeron que eras.
Y si al final consiguieras eliminar esa capa, ¿qué quedaría?
Quizá la nada.
A mí me marcó a los trece años El Coyote, una colección de mi madre de ciento treinta y cinco títulos que me ventilé durante las clases de aquel curso, el primero que aprobé en Junio. Por cierto que cada vez que oigo Come Together, de los Beatles, me transporto a los jardines de la Misión de San Juan de Capistrano, tan unida a El Coyote...

sábado, 5 de abril de 2008

Por la Sanidad Pública de momento

Un vendedor, con todos mis respetos por los vendedores, no pretende facilitar tu vida; pretende obtener la comisión de la venta. Si es honrado se conformará con no mencionar los lados negativos del producto (será tu obigación preguntar por ellos). Si no es tan honrado, te los ocultará aunque preguntes por ellos o se inventará beneficios inexistentes. El dinero va en contra del bien de la persona.
Pasemos a un ejemplo prático: la sanidad. Las clínicas privadas y los seguros privados de salud te dicen que la atención será estupenda. Bueno, -letra pequeña- si eres lo suficientemente rico para pagarlo, que para eso hay distintos niveles de atención. Además, cuando vas a un médico privado lo que cuenta es lo que estás dispuesto a pagar para que te curen.
No niego que aún hay médicos a la antigua usanza que ejercen con verdadera calidad, pero cuanto más jóvenes, menos se guían por aquello de la atención igualitaria.
Y si entras en una clínica, la cosa se desmanda. Ya no es el médico más que un asalariado que tiene que cumplir objetivos, y si debe hacer una operación de mayor coste que arregle el problema, puede que a la empresa le convenga mejor que haga una cirugia menor para ir tirando. Eso sí, paga y tendrás la cirugía correcta.
Un médico de la Seguridad Social te atenderá mejor o peor por dos motivos: porque es amable o no y porque le echan demasiados pacientes, pero no dependerá de cuánto pages mensualmente, porque todos pagamos en relación a lo que ganamos.
Esto es como la telefónica, si todos luchamos por tener una sanidad pública y de calidad, todos la disfrutaremos. Si cada uno se va a una clínica privada, nos engañarán a todos.
Esperanza Aguirre (y el modelo del neoconservadurismo en general) pretende convertir a los médicos públicos en empleados de una empresa privada, de una "contrata" (lo que todos conocemos en el tema de los comedores de nuestros hijos). Que cada uno saque sus consecuencias, pero la primera que yo veo es que los médicos no se van a sentir apremiados por un "atienda mejor a sus enfermos" sino por un "atienda a más enfermos en menos tiempo".
Los que se creen ricos y no lo son acaban de recibir un aviso en forma de crisis. Sí, porque todo aquel que haya tenido que dejar aparcado o vender el "cuatro por cuatro" o dejar de ir a su restaurante, lo siento pero no es rico.
Y la sanidad pública, como la escuela pública están para que no haya diferencia entre si las cosas nos van bien o mal. Eso lo tenemos asegurado. Habrá que gestionar bien y tal, pero eso pasa también en lo privado, donde el dinero se va en los sueldos de los ejecutivos.
Lo importante es la seguridad que nos da lo público, el estar todos juntos, en contra de lo privado, donde cada uno se alía no sabe con quién. En lo privado la seguridad que tienes es de que vas a tener que soltar pasta y no sabes si al final te llevarán a "La Paz".
Por ello pido una defensa a ultranza de lo público y que emplumemos al falso vendedor de elixires maravillosos.