viernes, 31 de agosto de 2007

Hojas en el viento


Naces, creces, te desarrollas y llegas a la edad en que te supones adulto y crees que eres tú quien se mueve por la vida. Pero eres como un panderetillo brujo, sujeto a los vaivenes de esa misma vida, que como un viento te sube y te baja hasta que un día te ves como esa hoja en el viento y esto resulta un choque que te deja como grogui.

Pero quizá otro día tienes la suerte de encontrarte con alguien que te enseña la diferencia entre una hoja, que se deja llevar, y un ave, que aprovecha el mismo viento para ir a donde desea. No se puede hacer que una corriente descendente suba, pero siempre se puede encontrar una corriente ascendente para ir a donde queremos.

Yo he tenido la suerte de encontrar a dos de esas personas que te ayudan a situarse. Me han dado su cariño y claridad de ideas.

No sé cómo me ira a partir de ahora, pero vuelvo a sentirme fuerte en mi debilidad. Y menos inquieto con lo que el futuro me depare.

lunes, 6 de agosto de 2007

¿Recuerdos agradables?

Siempre he pensado que esos recuerdos agradables de tiempos malos eran como rastros del síndrome de estocolmo. Esa música inconfesable o ese sabor de galleta mezclada con lágrimas. Cosas viejas y que nos traen como una morriña, aunque sabemos que fueron tiempos para olvidar.
Esta mañana le he dado un nuevo sentido. He pensado: ¿y si esos recuerdos se quedaron tan grabados precísamente por ser lo poco bueno de aquellos momentos? Como estábamos tan machacados, ese momento de paz resaltaba tanto que se grabó de modo indeleble. Es lo que hemos dicho tantas veces de que lo bueno resulta más o menos bueno porque lo podemos comparar con lo malo. Es una luz en medio de la negrura de la noche.